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sábado 6 de septiembre de 2008

75 AÑOS DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES




ARGENTINA.

Mañana, a las 18, en el Museo Fader quedará inaugurada una muestra que une la obra de alumnos actuales y artistas ya consagrados que pasaron por sus aulas. Aquí una breve historia de esta institución educativa, que ha desempeñado un papel clave en la formación de varias generaciones de artistas locales.

Desde el inicio, una vez más. Tratando de buscar algún tipo de explicación con visos de racionalidad, el pensamiento del escritor Antonio Di Benedetto señalaba que la élite gobernante había, indignadamente, encontrado el motivo para clausurar la primera escuela de dibujo y pintura. Señalaba entonces que: "… el modelo vivo y el desnudo ofendían muy grandemente la emplumada opinión de vuelo bajo y pesado".

La manifiesta moralina oligárquica que manejaba a su arbitrio y antojo el poder durante más de dos décadas, sea aduciendo el escaso número de inscripciones, o la precariedad edilicia, o la deleznable concepción de considerar lo destinado al arte como un "injustificado y estéril sacrificio económico", enmascaraba las verdaderas razones que consumaban este despojo a la cultura mendocina.

A tan sólo cinco años de su creación (abril de 1915) la primera escuela de pintura, grabado y escultura de Mendoza cerraba sus puertas y con ello quedaba destrozado el sueño de Vicente Lahir Estrella y Elena Capmani, su director y su asistente académica, más el asombro y desesperanza de sus alumnos.

Cabe destacar que ya en el año 1917, al finalizar el ciclo lectivo, realiza la primera muestra en la que se evalúa el nivel obtenido en los estudios. Contábanse entre los participantes jóvenes que luego se destacarán por su desarrollo y mérito personal, entre los cuales podemos citar a: Faustino Murúa, Raquel Guiñazú, Vicente Nacarato (poeta), Fidel de Lucía, Juan Cardona (Mora) y en caso especial -fuera de concurso, según el catálogo- Antonio Bravo.

Al poco tiempo, menos de un año después, precisamente el 1º agosto de 1918, comienzan a aparecer en los diarios invitando a la inauguración de la muestra del Primer Salón Anual de Bellas Artes de la Provincia de Mendoza, en salón dispuesto en la calle Gutiérrez 305 de ciudad.
Aunque sus organizadores declararan con verdadera humildad que "dicha exposición no pretende ser más que un modesto ensayo y que el público acoja con benevolencia el Salón", la crítica especializada sabe dar la debida importancia al evento, destacando además de la importancia de trabajos, entre los 105 presentados, de profesores y alumnos, la significación que conlleva el carácter pionero del mismo.

Para abril de 1920 este desamparo cobra mayor dimensión si acaso pensamos que ésta era la única institución artística gubernamental y que los verdaderos motivos que llevaron a su cierre quedaban ocultos.

Atenidos a la aguda pluma del mencionado escritor la verdad, cuando observamos que en la escuela "se admitía señoritas en el alumnado; hecho que podía comprometer las buenas costumbres, aunque dichas señoritas usaban melena larga, mostraban que su inteligencia no tenía dimensiones que envidiarle a sus cabellos".

No es necesario indagar más. Es evidente que el eco de las voces mezquinas, la chatura de espíritu y la intolerancia habían sido escuchados. Sólo desde la ironía se puede concebir como paradójico que en ese mismo año y con las mismas autoridades se creara la Universidad Popular. La falta de dinero no fue ningún obstáculo para ello.

Ex nihilo

Desde la nada, ciertamente. Muchos años después, cuando se intentaba salir, tambaleando, de los estragos de la "Década Infame" que había talado la estructura económica y social del país, en los altos del entonces Teatro Municipal -ubicado en el ángulo noroeste del cruce de las calles Avenida España y Gutiérrez- se concentraban artistas, que ya tenían incipientes talleres personales con poetas, pensadores y humanistas.

El agradecimiento nos obliga a memorar los nombres de Arturo y Manuel Civil, Vicente Lahir Estrella, Rodolfo Guastavino, Roig, Pablo Vera Sales, Roberto Azzoni, José Alaminos, Rafael Cubillos, entre otros quienes inauguraron el 20 mayo de 1933 la "Academia Provincial de Bellas Artes", que será oficializada un año más tarde como "Academia Provincial de Bellas Artes y Escuela de Artes Decorativas e Industriales de Mendoza".

Una década después se estaban cumpliendo los sueños de aquellos espíritus premonitores. Medianera por medio de lo que luego, algunos, conoceríamos como el "Cine La Bolsa" se encontraba el "Café Jamaica" (calle Necochea, a metros de 9 de Julio), lugar que se había convertido azarosamente cono centro de reunión del escaso número de intelectuales, en cuyas mesas se mezclaban las opiniones fundadas de pensadores y los balbuceos de artistas jóvenes con postergadas inquietudes.

Podemos tener una aproximada visión de la atmósfera que allí flotaba si recordamos los versos improvisados que el poeta Ángel Delgado le dedicara al joven (a quien luego la historia del arte mendocino conocerá cono "El heroico") Antonio Bravo, como presagio del inicio de un inacabado camino: "… /Pone allí añejo color la pinotea/ allí el silencio es casi permanente…. / entras, te sientas, fumas levemente/ A poco andar ya esta la trilogía: Tú, Cardona, De Lucía".

El clima político nacional y provincial estaba muy enrarecido. En Mendoza cuando se convoca a elecciones, en noviembre de 1931, estando el lencinismo proscripto y el radicalismo llamando a la abstención, se vieron facilitadas las maniobras fraudulentas que posibilitaron el triunfo de la fórmula conservadora encabezada por Ricardo Videla.

Aquellos que, como dijimos, habían sido definidos como "de vuelo bajo y pesado", volvían ahora para inaugurar una serie de cuatro gobernadores que, desde dos aspectos importantes, marcaban la diferencia con las anteriores administraciones partidarias: la primera está referida a la modernización de la vitivinicultura y las obras de infraestructura básicas, y a un sostenido trabajo en áreas como vivienda, salud y educación.

Aunque su concepción elitista queda en evidencia por el uso del fraude como instrumento del poder, justo es decir que éstos mostraron un perfil con mayor sensibilidad social en respuestas a los reclamos de los sectores medios y bajos de la población (Pablo Lacoste).

Simplemente tomando como referencia el nombre impuesto a esta institución podemos entrever los fundamentos ideológicos que sostienen lo específico del carácter de esta "Academia"

La influencia francesa en todos los ámbitos del arte y la cultura latinoamericana, en cierto estrato social, había traído un soplo de frescura e independencia, como de laicismo, que casi espontáneamente redefinían al arte como fenómeno social en tanto democratizaba un sector de la cultura hasta entonces reservado a determinada élite.

Desde el enciclopedismo humanista francés se había tratado de terminar con la clásica dicotomía entre artes mayores y menores; en la que se consideraba pertenecientes a las primeras a aquellas en la que no hace falta entrar en contacto físico con el objeto, y dentro de las segundas a aquellas que impresionan los sentidos menores: gusto, olfato y tacto.

Pero, ciertamente, estuvieron muy lejos de superar esta antinomia, puesto que en su reemplazo propusieron, y todos aceptaron, una jerarquía entre los sentidos. Jerarquía en la cual el sentido de la vista ocupaba el primerísimo lugar, y a continuación el sentido de la audición; por lo tanto correspondía ubicar primero como "bellas artes" a aquellas privilegiadas por el sentido de la vista.

Es desde esta perspectiva de valoración sensorial que establecen las estructuras pedagógicas en referencia a la mayoría de los centros de estudio de la época. (No mucho tiempo después una concepción más amplia, de notable influencia alemana, tratará de imponer el concepto de "artes plásticas" para incluir al resto de las disciplinas artísticas).

El mismo criterio se había usado seis años antes, cuando -por decreto del Ministerio de Gobierno- en mayo de 1927 se designa como director y secretario al Dr. Juan Agustín Moyano y al pintor Fidel De Lucía, respectivamente, a fin de organizar los trabajos para la creación del Museo Provincial de Bellas Artes.

Por la misma norma legal se les encomienda a ambos la elaboración de las bases para la fundación de una escuela de Bellas Artes y Artes Aplicadas, labor que realizaron ad honorem.

La iniciativa, anhelada por muchos, fue sostenida firmemente por el escritor Sixto Martelli y da sus frutos cuando el 4 agosto del año siguiente el Museo queda inaugurado, funcionando en el hermoso edificio que ocupaban las oficinas de la Dirección de Parques y Jardines de la Provincia, en el costado izquierdo del acceso principal del Parque General San Martín.

Al presentar su renuncia el Dr. Moyano, en octubre de ese mismo año se hace cargo de la dirección del museo Fidel de Lucía, reteniendo a la vez las funciones de secretario.

Podemos comprender la importancia que había cobrado la creación de esta institución si advertimos que es, hasta esa fecha, la única institución gubernamental destinada a las actividades plásticas y que, según la memoria anual, más de 52.000 personas han desfilado frente a las 50 expuestas.

Figuraban entre otros trabajos de la talla de Luis Tesandori, Alfredo Bigatti, Luis Perlotti y Benito Quinquela Martín. Casi la totalidad de las obras fueron conseguidas por donación; y aunque anecdótico, señalamos que en una visita a nuestra provincia de Quinquela Martín el gobierno le compra una obra, que pasa a ser la primera de este artista en museos del interior del país.

Cuando la Academia queda oficializada por la misma norma legal el Museo Provincial de Bellas Artes, ahora traslado a la calle 9 de Julio frente a la plaza Independencia, pasa a integrarse con ella bajo el Consejo Directivo de Bellas Artes.

Antes del segundo año de vida la "Academia" podía sentirse más que orgullosa, ya que a sus aulas asistían más de 180 alumnos y dado que la matrícula iba en aumento, resulta necesario encontrar un lugar más adecuado.

Para 1936 la "Academia" se traslada al piso más alto del Jockey Club Mendoza, en la calle San Martín 1143, edificio que hoy ocupa la Subsecretaría de Turismo de la Provincia.

Con justicia el diario Los Andes valoraba, entonces, el desarrollo de este centro de estudio en un artículo en que afirmaba: "… es una de las anchas puertas por donde se da entrada en Mendoza a ese aire limpio de la espiritualidad" ¿Se podría recibir mejor elogio?


Escuela Mendocina del paisaje

Eco y repercusiones de este esfuerzo y desarrollo no pasaban inadvertidos en el resto del país. En Buenos Aires, por ejemplo, no se hablaba ya de "Los pintores del paisaje mendocino"; la crítica especializada, al prestar mayor atención a las obras que desde nuestra provincia llegaban, comienza a descubrir "particularidades en la ejecución". Se reconoce, en cambio, que deben referirse a la "Escuela mendocina del paisaje".

Estamos hablando, en rigor, de una importante diferencia conceptual, habida cuenta de que lo que está juego no tiene poca entidad: una cosa es el tema (que para muchos puede ser el mismo) y otra muy distinta es el trato que de él se haga.

Hacía ya muchos años que Fernando Fader se había ido de la provincia y para el año en que muere (1935) en la capital se hacía notar la necesidad de no sólo destacar los valores personales de nuestros artistas, sino también de valorar la visión de conjunto en cuanto a su concepción estética y a su concepción de la pintura.

Cabe destacar que las referencias a las que el público y la crítica porteña podían disponer no sólo se relacionaban con los pintores que ya hemos mencionado, igualmente valía para otros tantos que por ese entonces no habían logrado notoriedad individual y la presencia de sus trabajos no tenía una solución de continuidad en el tiempo.

De la misma manera debe tomarse en cuenta que ninguno de los esfuerzos que los artistas realizaban contaban con padrinazgo alguno.

Los éxitos personales de los artistas ayudaban a solidificar las bases de la recién creada institución más la anexión del museo, hecho al que contribuía además el modo que estaban implementando en ese momento acertadas políticas culturales.

Analizando brevemente los lineamientos generales de la estructura y los planes de estudio, podemos comprender el arco completo de las expectativas que deseaban satisfacer y cuáles eran los resultados que se deseaba obtener.

Al iniciar sus actividades el programa académico de la institución se desarrolla en dos ciclos promocionales.

Dedicado el primero de estos específicamente a la iniciación propedéutica y a la nivelación del conocimiento de los alumnos, expectativa que debía lograrse en el lapso de un año.

El segundo ciclo, con una duración de cuatro años, tenía como meta impartir los aprendizajes básicos de las bellas artes y su aplicación práctica, de modo tal que allí quedaban incluidas las artesanías, las disciplinas decorativas, ornamentales y de aplicación industrial, como también poner las bases de apoyaturas teóricas (aspecto muy acotado) y de elementales nociones de construcción y arquitectura.

Al momento de preparar la primera camada de alumnos y de que ésta obtuviera su promoción, se hace notoria la necesidad de crear un nivel superior de cuatro años, en el que aun poniendo el acento en el perfeccionamiento utilitario y laboral, se sostiene la exigencia de un selectivo examen para el ingreso, puesto que las nuevas necesidades de la sociedad requerían de mayor especialización.

Elaborado el proyecto bajo la administración del gobernador Guillermo Cano, en 1938 fue cuando se crea el tercer ciclo; alentado posteriormente por la administración del gobernador Rodolfo Corominas Segura.

Queda, entonces, la estructura curricular conformada con: un ciclo preparatorio, un ciclo intermedio y un ciclo superior, que en conjunto abarcan 9 años de estudios.

Al terminar de cursar y aprobar el primer año de estudio los estudiantes obtenían el título de "profesor elemental de dibujo", que ya los habilitaba para el desempeño en la docencia primaria, y aquellos que terminaran de cursar y aprobar la totalidad del ciclo superior obtenían el título de "profesor superior de dibujo", habilitante para el ejercicio de la docencia en nivel medio

De modo paralelo, como equivalente a lo que se conocía como maestro mayor de obra, pero con carácter más arquitectónico se desarrolla durante los dos últimos años el curso de "Dibujante constructor".

Estaba de hecho superada la eterna y clasista separación entre arte y artesanía; del mismo modo en que el aprendizaje de un oficio industrial o artesanal resulta un nexo natural con las actividades artísticas y profesionales.

El trabajo de los maestros

En tanto terminaba la década, la crítica tomaba conciencia de que estos artistas pioneros habían comenzado donde otros concluyen.

La potencia emocional con que Breva plasma la tierna brisa de una mañana de invierno o el silencio del atardecer del pedemonte mendocino, no era inferior a la fuerza que inspira a De Lucía cuando pinta los alrededores del parque General San Martín, la atmósfera calma de una siesta en los bajos de Lunlunta, o la sombra de una humilde higuera en el patio familiar.

El mural en el frente del edificio del Departamento General de Irrigación, o la escultura del cóndor en la avenida de Acceso Este a la provincia son dos claros ejemplos del nivel del primer profesor de escultura de la "Academia".

Es necesario poseer un agudo sentido de observación de la naturaleza para poder transmutar en la tela la aridez del paisaje mendocino, y encontrar entre chañares y retamos de los valles el ámbito adecuado para que el hombre desarrolle toda su espiritualidad.

Es precisamente en esto que Azzoni es un maestro, mérito desde el cual aporta una buena parte para la formación de una visión de conjunto del hombre argentino, necesaria en la plástica nacional.

La década de los ’40 estaba mostrando las raíces de los que se perfilaban como promesas: Mario Vicente -a quien luego apreciáramos en los murales de la Casa de Gobierno-, Rosario Moreno, Rosa Stilerman, Mariano Pagés -autor de la obra escultórica en la plazoleta del Cacique Guaymallén-, Rafael Montemayor, al lado de quienes aparece la figura de Juan Scalco, poseedor de una obra de sensibilidad exquisita en la que el idealismo de inocente bondad se enarbola como un sincero canto a la laboriosidad y humildad del hombre de campo, junto a los trabajos de Juan Manuel Gil, que aporta un visceral sentimiento del paisaje cuyano.

Es este período de muy fuerte consolidación en que la "Academia", al recibir merecido reconocimiento social, se convierte en un verdadero centro de generación e irradiación cultural.
Hernán Abal supo impregnar en sus alumnos el fervor desbordante por la búsqueda del hombre americano. Luego de la época de estudiante, ya como profesor en la aulas y en las numerosas clases al aire libre en la década de los '60 como director.

Sería una imperdonable insolencia no pedir desde ya disculpas en esta nota por las innumerables omisiones de artistas -profesores y alumnos- que cobijaron las aulas de la "Academia" en este período.

Pero acaso resulta inevitable destacar la figura de José Bermúdez, un auténtico artista que mostró en las disciplinas que abordó la sólida finura de un verdadero maestro. Aún hoy, a los 85 años de edad, podemos valorar la fecunda estela que dejó, tanto como grabador como pintor. Un artista que vive toda su existencia guiado por una inquebrantable coherencia entre sus principios éticos y su concepción estética, poniéndolos siempre a disposición de la vigencia de los más altos valores de la humanidad.

Con la presencia del espíritu de los fundadores y el sostenido impulso de los maestros, la "Academia" deja abiertos los surcos para que desde ella crezcan las más fecundas vertientes de las artes mendocinas; siendo, además, por largo tiempo, el indiscutido polo de atracción estética e irradiación cultural.

Cobijados, además, por profesores de la talla del pensador Ricardo Tudela y del poeta Enrique Ramponi, destacadísimas figuras en la cultura provincial y nacional, surgieron numerosos artistas que le dieron a Mendoza una respetada posición en el tejido del arte nacional.

Algunos de ellos avanzaron en el desarrollo de sus aptitudes artísticas hasta convertirlas en profesión, otros compartieron la misma con la docente y algunos, por distintos medios, se mostraron como hábiles gestores y difusores de la cultura y de las artes en particular.

Nadie puede dudar de la importante y notoria marca que dejaron estos maestros en sus discípulos y éstos a su vez en los suyos. Scacco, Severino, Gil, Sarelli, entre varios otros, supieron aprender de ellos, no sólo los múltiples secretos del oficio, sino también el amor por el arte y el deseo de continuar por el mismo camino.

Desde hace ya varios años estábamos afirmando nuestro deleite al encontrar en las obras de Antonio Sarelli la suave armonía que establecía entre sus figuras y la intimidad del ambiente, en el que la poesía y la mítica llevaban al sosiego y la paz.

La eterna esperanza por encontrar en la naturaleza paisajes inéditos lleva a José Scacco a convertirse en enamorado de la luz. Sus pinturas resultan obras de un artista que llevó al límite el oficio para ofrecernos otra dimensión de lo posible.

Ángel Gil, como pocos, sabe hacer estallar el color en máxima pureza para expresar una potencia creadora casi sin sujeción. Sus bodegones, sus naturalezas muertas, sus barcazas están siempre cargadas con la misma tensión visceral.

La figuración de Alfredo Severino mantuvo siempre el sello absolutamente personal y abrió al espectador una legión de personajes de inefable singularidad. Personajes que en cada momento nos invitan a ingresar a un mundo tan irreal como deseable.

Escuela Superior de Bellas Artes

Al final de la década de los ’50 y comienzo de la de los ’60 la concepción del sector progresista del radicalismo, con el apoyo de las bases peronistas, dieron lugar a un gobierno que con el tenor de desarrollismo, trató de implementar un modelo de país sobre la base del crecimiento industrial y técnico, conllevando modificaciones sustanciales en los aspectos de cultura y educación.

A la vez que surge el primer Estatuto Docente, se privilegia la creación de escuelas técnicas de jurisdicción nacional y se remite a segundo lugar a las escuelas de "artes", de "artes y oficios", como también de “labores y artes femeninas", de incumbencia exclusivamente provincial.

Era evidente que el criterio de planificación para este proyecto de país estaba fomentado en la base eficiente de una economía industrial.

Aún durante el gobierno faccioso que derrocara al presidente Illia, que imponía el modelo de la "Argentina Corporativa", pudo darse en Mendoza la posibilidad de que la "Academia" lograse alcanzar un nivel mayor.

Es en este contexto de la reforma educativa de 1969 que se crea la Escuela Superior de Bellas Artes, con un diseño curricular acorde a las exigencia de los centros de estudio terciarios de la provincia, dejando de pertenecer a la Dirección Provincial de Cultura para pasar a la órbita de la Dirección de Educación Media y Superior.

El nuevo sistema curricular se estructura sobre dos orientaciones: una, la carrera del profesorado en artes plásticas; y la otra, la carrera de dibujo para la construcción

La primera era el Profesorado de Artes Plásticas y Dibujo, (familiarmente llamado entre los que éramos docentes y los alumnos "La artística"), que se organiza curricularmente en nueve años, con un Ciclo Básico de una duración de 3 años, ingresando después de haber concluido los estudios primarios; continuaba luego con el Ciclo Medio, cuya duración era de 4 años, en el que al egresar se obtenía el título de "profesor elemental de artes plásticas", habilitante para ejercer la docencia en nivel primario; y por último el Ciclo Superior, en el que luego del cursado y la aprobación durante 2 años se obtenía el título de "profesor de artes plásticas”, que era habilitante para ejercer la docencia en nivel secundario

La segunda era la de Dibujante Constructor (conocida como "La lineal"). Se estructura sobre dos ciclos con una duración de siete años: el Básico de 3 años, para el cual el ingreso implicaba la aprobación de los estudios primarios, y el Técnico, de 4 años, que ofrecía al egresado el título de "dibujante constructor", cuya competencia, incumbencia y validez la otorgaba el Consejo de Profesionales de la disciplina.

La meritoria labor de la Escuela Superior era más que evidente, si acaso se toma en cuenta la procedencia de los artistas en la mayoría de las exposiciones de ese momento, además de quiénes eran los artistas que obtenían los premios en las bienales municipales, provinciales, regionales y nacionales en esos tiempos.

La escuela experimentaba un cambio sustancial y una apertura conceptual, necesaria en esos momentos. Del mismo modo que, en su momento, la Escuela de Artes Plástica de la Universidad de Cuyo (p.e. Roberto Azzoni, Fidel de Lucía, Julio Suárez Marzal, Rosa Stilerman, entre otros), ahora los profesores que tenían a su cargo los cuatro talleres artísticos del nivel superior (pintura, escultura, grabado y dibujo) eran egresados de la misma "Academia" y estaban acompañados por los docentes que impartían las disciplinas de análisis filosófico-estético y las de fundamentos artístico-humanísticos provenientes de la Universidad Nacional de Cuyo.

Un buen ejemplo de la labor realizada lo encontramos en el pintor y escultor Fausto Caner, quien egresa con máxima distinción de esa Escuela Superior, heredero directo, con beneficio de inventario, de César Carrizo y Selva Vega.

Desde ese mismo momento podíamos apreciar en sus esculturas la rigurosa verticalidad que imponía a sus figuras y la profundidad de los espacios y volúmenes en pos de encontrar resquicios de íntima reflexión, del mismo modo que en sus pinturas podemos ver cómo se interna en el campo de la metafísica tratando de sobrepasar la dimensión temporal humana.

Del mismo modo deberíamos referirnos a Pascual Marquet, Luis Scaiola, Miguel Ángel Soria y Adelina Tarditti, entre otros.

Dolorosamente, esta Escuela habrá de tener una existencia efímera. En 1979 el nefasto golpe militar paulatinamente fue cerrando todas y cada una de las escuelas de nivel terciario de la provincia. Para nosotros esos tres años de existencia fueron suficientes para que 19 alumnos obtuvieran el título de "profesor".

Argumentum ad baculum

"El argumento al bastón" era el único que podían esgrimir los militares (y sus adláteres) que gobernaron de facto la provincia para poder justificar el motivo por el cual "Se suprimen de la jurisdicción provincial la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria, la Escuela Superior de Antropología Escolar, la Escuela Superior de Servicio Social, la Escuela Superior de Bellas Artes, la Escuela Superior de Periodismo y pasa al ámbito privado de la Universidad Juan Agustín Maza la Escuela Superior de Ciencias Naturales y Físico-Matemática de Rivadavia." (diario Los Andes).

Había asumido la gobernación el brigadier Jorge Sixto Fernández y en el Ministerio de Cultura y Educación fue designado el Dr. Carlos Orlando Nallim, proveniente de la Facultad de Filosofía y Letras

Toda la riqueza cultural que en nuestra provincia se estaba construyendo fue truncada sin ningún tipo de reparo. Parecía normal y necesario, entonces, encarcelar u obligar al exilio a profesores, despedirlos sin proceso legal alguno, expulsar estudiantes por la presunción de sus conductas antisociales y otras aberraciones más.

Desde luego que también en la Universidad Nacional de Cuyo se produjeron "reordenamientos" entre el personal docente, no docente y alumnos. Tarea cumplida con todo esmero y éxito por el comodoro ingeniero Héctor E. Ruiz, rector de la Universidad como delegado militar de la Junta y luego reemplazado por el Prof. Pedro Santos Martínez hasta 1981, en que renuncia y asume el Prof. Enrique Zuleta Álvarez.

Las autoridades consideran un desvarío por innecesaria la existencia de la Escuela Superior de Bellas Artes; en consecuencia, debía ser cerrada. Jamás entendieron cuál era la función educativa específica de esta escuela, menos les interesaba saber a qué estrato social pertenecían sus alumnos, tampoco se tomaron el trabajo de preguntar sobre la necesidad de que las clases del nivel superior se dictaran en el turno noche. Pero tenían en claro que no era rentable y además era de arte. ¿Hacía falta otro motivo?

Bajen por favor señores

Cumplido el objetivo que se habían propuesto, la Escuela Superior de Bellas Artes, en marzo de 1977, se convierte en una escuela secundaria. Su plan de estudio corresponde, ahora, al de bachillerato al completar la carrera de cinco años; al que luego del cursado de otro año, más la práctica docente, se obtenía el título de "maestro de educación plástica para la enseñanza primaria"

Pero en 1990, ya en democracia, las autoridades encuentran que había un 6º año que sobraba y por tanto era necesario sacarlo. Hecho lo cual la escuela otorga el título de "bachiller con orientación en " pintura, escultura o grabado”. No, no ha leído mal: hasta el dibujo como disciplina independiente sacaron.

Y por el mismo precio, además, "la lineal", vale decir la carrera de Dibujante Constructor fue separada de "la artística" y se formó la que conocemos como "Arquitecto Manuel Civit".

Lo que sigue es muy simple. Ley Federal de Educación, vaciamiento de contenidos, dispersión, capítulos de asignatura convertidos en espacios curriculares, polimodal y parches.

Sería una labor ímproba y absolutamente injusta intentar, aunque fuera de modo somero, elaborar una lista de todos aquellos apreciados difusores y artistas que pasaron, como profesores o alumnos, o surgieron de las aulas de la "Academia”.

Pero ante tal imposibilidad, quizás nos sirva de consuelo saber que sin contar con todos ellos es imposible tener un panorama completo del desarrollo de la cultura mendocina.

Con una mirada de nostalgia sobre toda su historia, nos sobrecoge el sentimiento y la conciencia de que esta singular institución ha marcado un rasgo indeleble en la formación de la fisonomía de la cultura y el arte mendocinos.

Sabemos de los múltiples esfuerzos que la actual directora de la escuela, Prof. Leticia María González, está realizando por mantener vivo el espíritu que le dio origen a la escuela, así como su valor y prestigio.

Estamos seguros, y todos la alentamos, de que el semillero de almas sensibles al arte seguirá dando sus frutos, tanto en los jóvenes, como para nuestra comunidad.

Por eso nos cabe esperar que a quienes les toque gobernar entiendan que la Escuela de Bellas Artes jamás será una escuela más entre otras.

Su historia, su aún vivo espíritu, las innatas ansias artísticas de sus alumnos permitirán que, todavía por el más mínimo resquicio, de cualquier obtuso y mezquino sistema que pudiera imponerse, siempre se les filtrará la necesidad de libertad que el arte manifiesta como inherencia esencial del ser humano.

AUTOR: JORGE O. GOMEZ DE LA TORRE . CRITICO DE ARTE.